Richard Wagner

Richard Wagner, en 1871.

Richard Wagner, en 1871.

Wilhelm Richard Wagner (1813–1883), compositor alemán.

Breve biografía:

Nació en 1813 en Leipzig (Alemania). No fue un alumno brillante; al contrario, era torpe con el aprendizaje musical. Pero su afán por ser dramaturgo le llevó a aprender música. Director de orquesta y teórico musical, sólo compuso para la escena. Se exilió en Suiza por sus ideas revolucionarias.

Es una de las referencias máximas de la música clásica. Supo trasladar como nadie a la escena operística las claves para combinar grandilocuencia, majestuosidad y drama para regocijo de millones de seguidores que hoy le aclaman como magíster imprescindible del gran género lírico.

El creador de la tetralogía El anillo del nibelungo vino al mundo el 22 de mayo de 1813, en un contexto internacional convulso, provocado por las constantes guerras napoleónicas que azotaban la vieja Europa. Sus padres, Friedrich Wagner y Johanne Pätz, vivían de forma modesta con el escaso sueldo que el progenitor obtenía como funcionario municipal.

Pero la desgracia quiso que Friedrich muriese cuando su hijo apenas tenía seis meses. La madre no tardó en volver a contraer matrimonio, en este caso con Ludwing Geyer, de quien el pequeño Richard tomó el apellido para ser inscrito en la escuela local de Dresde (Sajonia), la ciudad alemana que la familia había elegido para residir.

A decir verdad, el futuro genio no destacó en estos años académicos por su brillantez, más bien sus profesores llegaron a comentar que aquel muchacho que soñaba con ser dramaturgo jamás llegaría a nada. Incluso parece constatado que se mostró bastante torpe en el aprendizaje musical. No obstante, su ilusión por ser escritor de dramas teatrales le llevó a matricularse, en 1831, en la Universidad de Leipzig con la pretensión de aprender lo necesario para componer la música que acompañase las representaciones de sus obras escritas.

Dos años más tarde tuvo lista Las hadas, su primera ópera completa, aunque en la pieza todavía no se percibía el estilo característico wagneriano. Casi de inmediato logró empleó como director musical en las ciudades alemanas de Magdeburg y Königsberg. Mientras, se enamoraba de la actriz Christine Wilhelmine, a la que él llamada cariñosamente Minna y con la que se casó el 24 de noviembre de 1836 para juntos viajar a la ciudad de Riga (Letonia). Allí, el matrimonio acumuló tantas deudas y decepciones sentimentales que decidieron huir rumbo a París, perseguidos por los acreedores y por las dudas sobre su amor.

Una vez establecidos en la capital francesa, los Wagner sufrieron el rigor de una pésima situación económica que empujó al compositor a trabajar como periodista, copista, arreglista… En la decimonónica década de los 40, Wagner logró estrenar óperas que comenzaron a darle popularidad y una mejor posición social.

Admirador de Beethoven o Schopenhauer y amigo personal de Franz Liszt o Friedrich Nietzsche, fue construyendo poco a poco una particular cosmogonía, poblada por personajes legendarios arraigados en las leyendas ancestrales germanas. Son los tiempos de Rienzi, El buque fantasma o Tannhäuser, piezas que definen su intención dramática y musical.

En 1848 el matrimonio Wagner vivía en Dresde cuando estalló la revolución. Tras ser reprimida, el músico –comprometido con la causa nacionalista alemana– tuvo que huir a Zúrich (Suiza), donde prosiguió con la composición de obras magistrales anidadas en su mente desde hacía tiempo.

En los años siguientes logró rubricar óperas tan célebres como Lohengrim, El oro del Rin, La Walkiria, Sigfrido o El crepúsculo de los dioses, basadas esencialmente en el profundo conocimiento que el maestro adquirió sobre mitología nórdica, con lo que pudo al fin alcanzar su sueño vocacional de combinar drama, poesía y lírica.

En su exilio suizo, Wagner, que por entonces trabajaba bajo el mecenazgo del empresario Otto Wesendonck, se enamoró con pasión de Matilde, mujer de éste y fuente de inspiración para su ópera «Tristán e Isolda».

En 1861 recibió el ansiado indulto que le permitía regresar a su querida tierra natal. Un año más tarde abandonó a Minna, justo cuando Luis II de Baviera le otorgó una protección que le posibilitó seguir trabajando sin dificultades de ningún tipo. En ese periodo conoció a Cosima von Bülow, 26 años menor que él e hija ilegítima de su amigo Frank Liszt. Se casaron en 1870 y tuvieron tres hijos: Isolda, Eva y Sigfrido.

En 1871 se inició en la ciudad alemana de Bayreuth la construcción de un teatro operístico adecuado para representar las obras wagnerianas. La edificación fue sufragada por el propio Luis II de Baviera, quien seguía mostrando admiración rendida por su músico favorito.

Si bien el estreno de las óperas fue un éxito, no lo fue tanto la recaudación en taquilla. Esto supuso un nuevo fiasco económico para Wagner, quien desde entonces quedó enfrascado en la creación de Parsifal, la que sería su última ópera, estrenada en 1881. Con sus eternos problemas de salud, se trasladó a Venecia, donde un infarto acabó con su vida el 13 de febrero de 1883. (1)

Tomado de: Juan Antonio Cebrián, Richard Wagner, el gran genio y maestro del drama musical.

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Distanciamiento de Nietzsche hacia Wagner

Ya en el verano de 1876, a mediados de temporada de los primeros Festivales, tuvo lugar dentro de mí una despedida de Wagner. No soporto nada equívoco; desde que Wagner estuvo en Alemania, condescendió paso a paso con todo lo que yo desprecio — incluso con el antisemitismo… Fue entonces, en efecto, el momento cumbre para la despedida: pronto obtuve la prueba de ello. Richard Wagner, en apariencia el máximo triunfador, en realidad un podrido y desesperado décadent, se postró de improviso, desamparado y abatido, ante la cruz cristiana… ¿No tuvo entonces, pues, ningún alemán ojos en la cara ni compasión en su conciencia para ese horrible espectáculo? ¿Fuí yo el único que sufrió por ello? — en suma, el inesperado suceso arrojó sobre mí un relámpago de claridad sobre el lugar que acababa de abandonar — y también ese estremecimiento posterior que siente el que ha corrido inconscientemente un enorme peligro. Cuando proseguí en solitario mi camino, temblaba; no mucho después caí enfermo, más que enfermo, cansado,cansado de la insoportable desilusión ante todo lo que aún sigue entusiasmándonos a nosotros, hombres modernos, ante la fuerza, el trabajo, la esperanza, la juventud, el amor dilapidados por todas partes, cansado de la náusea ante toda la mentira idealista y el debilitamiento de la conciencia, que de nuevo habían logrado ahí la victoria sobre uno de los más valientes, cansado, en fin, y no fue esto lo de menos, de la tristeza de una implacable sospecha — la de que de ahora en adelante estaba condenado a desconfiar más profundamente, a despreciar más profrundamente, a estar más profundamente solo que antes. Pues no he tenido nunca a nadie como Richard Wagner… Siempre estuve condenado a tener alemanes.  

F. Nietzsche, “Cómo me desligué de Wagner” en Nietzsche contra Wagner, documentos de un psicólogo.

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Published in: on septiembre 2, 2008 at 3:10 pm  Comentarios desactivados  
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